I –CRÓNICA DE UN ERE, por Manolo González
Homenaje a mis compañeros de MPIB
Triste mañana, el día se había convertido en un extraño espejo, gris y pardo, casi negro, donde apenas se encontraba la cara de la gente, vagando, por el patio; había llegado la hora de la verdad, una extraña hora en la que una mayoría decidiría sobre uno de los acontecimientos más extraños, inesperados y dolorosos que marcarían los días sucesivos, incluso el final de la vida.
Crucé la esquina, en busca de un café que calentara el cuerpo, era verano pero aquel 18 de Septiembre, había amanecido totalmente invernal.
Mientras avanzábamos, José nos sorprendió, gritaba desesperadamente- ¿Como pueden decidirlo? , alguien va a votar sobre mi vida, la democracia es una mierda, los ojos saltaban y el sudor y la lluvia formaban un mismo cuerpo, ¿Cómo pueden decidirlo por mi?, cada persona fue contratada de forma diferente, yo mismo he sufrido años las consecuencias de ese contrato y ahora, justamente ahora, van a unirse para despedirme.
La Asamblea había sido convocada a las 10, una pequeña urna; se refugiaba en los bajos de la mesa, de ella dependería, que 76 personas salieran de la empresa, en unas condiciones previamente negociadas, si así era decidido.
Todos esperaban la explicación a la nota que el día anterior había puesto un punto y final a un verano eclipsado por un ERE, que visto en un contexto general no dejaba de parecer algo que ya ni sorprendía, pero encerrado entre aquellos muros, cobraba unas dimensiones universales.
Me imaginaba en la piel de aquellos que perdían lo único que tenían, sabía del dolor de los miembros del Comité de Empresa, de todos, de cómo Silvia, Mar, Chema, Adolfo, Alicia, el entrañable Marcos, en fin todos, se habían visto sorprendidos por algo para lo que no habían sido contratados, de su honestidad de su trabajo y en cambio de toda su impotencia.
De cómo eran vapuleados y entregados al cadalso en contra de sus principios.El Sistema marcaba los tiempos, las liquidaciones, el valor de una vida laboral, incluso hasta mi propio compañero-delegado, Chema, seria devorado como consecuencia del resultado.
Los ojos de Silvia adivinaban la angustia y la rabia, en medio de la muerte de su querido abuelo, apenas unos días antes, cuando buscaba una bandera republicana, para envolver los últimos restos de aquellos que siempre tuvieron claro sus ideales. Y pensaba, como luchar, como despertar de la siesta, todos estábamos inmunizados, nos habíamos acostado ricos, como en aquella Republica efímera y nos habíamos levantado pobres, habíamos descubierto lo que éramos, vulnerables, con pies de barro, disfrazados en coches y letras y al amanecer ni siquiera podíamos garantizar el trabajo.
Se, que quizás muy pronto tenga que pasar por la misma situación, que junto a mis compañeros del Comité, tenga que vivir las mismas presiones, las mismas angustias, pero creo que hay soluciones, que no nos pueden negar ese derecho, quizás haya que repartir el trabajo, quizás tengamos que aprender a ser solidarios de verdad. Pero quizás no tengamos tiempo para cambiar las leyes, tengo claras mis ideas, hace 30 años enseñaba en barriadas humildes de Entrevias, y me desesperaba viendo que era imposible cambiar las estructuras de este sistema, tenía alumnos maravillosos que sabía estaban abocados a no tener una oportunidad y de repente en estos años parecía que me había olvidado, que aquellos momentos estaban en la prehistoria,
Reivindico el sindicalismo, aunque se que tenemos que reinventarlo, llenar los blogs, llegar desde las nuevas tecnologías a sus redes sociales ,a inundar el mundo de los jóvenes; para muchos,ser sindicalista, es ser trasnochado, progre, no moderno, estar liberado, yo nunca lo estuve, pero veo el trabajo de mis compañeros de CCOO, y están dedicados día y noche a la defensa de esos principios, en un trabajo inagotable y en nada pagado sino fuera por la firmeza de sus principios; para el resto de nuestros propios compañeros de trabajo, tendríamos que ser pobres, y yo en cambio no lo era. Habría que vivir en los extrarradios y yo vivía en un barrio chic. Había que llevar jerseys de lana gorda y no corbatas de Versace, es verdad que esas nunca las llevé, excepto una vez, y me la regalaron mis compañeros de la oficina. Y como diría un directivo de mi compañía: Qué ganas de meterse en todos los charcos- me pregunté: alguien pensó en simplemente ser persona?, en creer que nunca hay que olvidar los principios ,en no abandonar nunca los ideales.
¿Qué ha pasado con nuestros vecinos?, ¿con nuestros amigos? Nos han vendido tantas cosas en cómodos plazos, nos han mentido tantas cosas en cajas tontas, que ahora nos encontramos sin imágenes, incluso llega el apagón digital, ¡que pena que no hubiera llegado antes ¡ si, antes de ser solo cosa, esclavos de las directrices de unos pocos poderosos que siempre nos manejan. Que establecen las normas y el control.
Y todo sigue igual, esos, tus mismos compañeros te miran de reojo, se visten de Carolina Herrera, por que se creen inmunes; sueñan con que son Castas y te dan clases de dignidad; brillaran sus Swarovskis, pero arrastrarán siempre el polvo de sus miserias. Mientras pienso en José, cruzando el patio, con los ojos llenos de rabia, en cuanto tiempo tardará en agotar el subsidio, en cuanto tiempo permaneceremos ciegos.
Noviembre acaba y quizás con los últimas hojas y con los últimos votos acabe nuestro Ere, pero habré luchado por José , por la dignidad de mis compañeros del Comité de MPIB, por reforzar a mis amigos de G+J, especialmente a Marta, con la que he compartido tantos años, animaré a los demás, a combatir, porque nadie te da nada, porque todos podemos ser arrastrados en una tormenta de verano y por lo que es más importante, por la dignidad del hombre y por la esperanza. Que no nos maten la esperanza.
Manolo González
Trabajador de GPS
DELEGADO SINDICAL DE CCOO


Lali dijo
Manolo, mucho ánimo. Sé lo que estáis luchado y sé también por lo que estáis pasando. No creas que desde la distancia o el paso del tiempo se olvidan las cosas. A mí, no. Se suavizan, pero no se olvidan. Besos a todos, a los que conozco desde hace tantos años y a los que ya no. Fueron muchos años juntos como para olvidaros. Besos.
19 Noviembre 2009 | 12:44 PM